Seguridad

Rejas en parque de barrio berlinés de Kreuzberg desatan debate ideológico

25.02.2026, 13:05

Por Andreas Rabenstein (dpa)

La decisión de colocar rejas en el parque Görlitzer Park, en el barrio berlinés de Kreuzberg, a partir de marzo para cerrarlo por las noches y evitar que se vendan drogas allí tiene a sus vecinos en pie de guerra y ha abierto un debate ideológico.

Incluso en invierno es posible ver a traficantes dentro y fuera del parque. Ciclistas lo cruzan y muchos otros hacen ejercicio allí. Las autoridades de la ciudad no precisan qué día exacto comenzará a colocar las rejas para evitar que la situación escale y actos vandálicos. Se limita a señalar como objetivo "principios de marzo".

La discusión refleja la disparidad de opiniones sobre cómo abordar el problema de las drogas. Algunos residentes están indignados por el cierre de su parque y temen que el tráfico de drogas y los adictos se desplacen aún más a las calles y portales de las casas de los alrededores. Otros esperan obtener mayor seguridad y tranquilidad.

La policía, por su parte, confía en tener más éxito persiguiendo a delincuentes si el parque deja de funcionar como un escondite oscuro a partir de altas horas de la noche.

La policía exige vallas y puertas desde 2023

La idea de vallar y cerrar el parque por la noche fue puesta sobre la mesa por la policía tras una presunta violación grupal en el verano europeo de 2023. Entonces, la jefa policial Barbara Slowik señaló la necesidad de una mejor iluminación, gestión de residuos, aseos, zonas de juegos, instalaciones deportivas, restauración y más trabajo social para los adictos a las drogas y las personas sin hogar.

La responsable regional de Interior, la socialdemócrata Iris Spranger, y posteriormente el alcalde, el conservador Kai Wegner, retomaron la propuesta del cierre nocturno y convocaron una "cumbre de seguridad". Esto se debió también a que medidas previas, como las constantes redadas policiales, fracasaron y la coalición entre conservadores y socialdemócratas quería demostrar firmeza.

Por su parte, los partidos Los Verdes y La Izquierda, la junta del distrito de Friedrichshain-Kreuzberg y varias iniciativas vecinales mostraron su resistencia hasta hoy. La demanda judicial interpuesta por el distrito aún no ha sido resuelta de forma definitiva.

Una lucha simbólica

La pelea por el Görlitzer Park representa, en realidad, una batalla ideológica. El parque -y con él todo el barrio de Kreuzberg— se convirtieron en un símbolo político.

Para muchos, representa un Berlín alternativo que se entiende a sí mismo como abierto y resistente, y que apuesta por la prevención y el trabajo social ante los problemas sociales, incluso frente a la criminalidad ligada a las drogas y la violencia.

Para la los conservadores de la CDU, sectores de los socialdemócratas del SPD, el Partido Liberal (FDP) y la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), en cambio, el parque es la prueba del fracaso de las ideas de izquierda.

Cocaína, crack, adictos y personas sin hogar

Lo cierto es que en el Görlitzer Park —que antes de la Segunda Guerra Mundial era una estación de tren y en tiempos del Muro de Berlín una zona baldía— se consolidó un intenso tráfico de drogas en los últimos 20 años. Primero cannabis y más tarde también cocaína y crack.

Para los vecinos, el problema no son tanto los traficantes como los adictos y las personas sin hogar, a veces agresivas, que utilizan los alrededores para vivir, dormir o como aseo.

El distrito, dirigido por Los Verdes, pagó a gestores del parque, llamó al civismo y llegó incluso a pintar en el suelo la zona permitida para el tráfico de drogas, pero sin éxitos duraderos.

El secretario de Estado de Interior de Berlín, el socialdemócrata Christian Hochgrebe, afirmó que es hora de "pensar en nuevos enfoques y considerar soluciones poco convencionales". Paralelamente, el Gobierno regional prometió más dinero para trabajo social, salas de consumo de drogas y viviendas para adictos.

Vallas y puertas

Por ahora ya se han construido vallas adicionales e instalado 16 puertas. Está por ver si los ocho molinetes que las acompañan son "a prueba de vandalismo". Según el Gobierno regional, las obras costaron casi 1,8 millones de euros (2,1 millones de dólares). El servicio de vigilancia privada costará otros 800.000 euros anuales.

Mientras, la iniciativa vecinal "Görli zaunfrei" (Görli sin vallas) ya convocó a una manifestación para el domingo por la noche, bautizada irónicamente como un "recorrido por el barrio a través del parque más peligroso de Alemania".